Lo que una semana de consultas nutricionales me recordó sobre la salud.

consultas

Hay semanas en consulta en las que parece que los pacientes no tienen absolutamente nada en común.

Una persona llega porque no consigue bajar de peso.

Otra porque le arde el estómago.

Alguien más quiere ganar músculo.

Otra persona está recuperándose de una cirugía.

Hay quien acaba de atravesar un duelo, quien está regresando de vacaciones, quien se prepara para volver a clases y quien simplemente llega a revisión y dice algo que pocas veces celebramos lo suficiente:

“Me siento bien.”

Pero cuando escuchas todas esas historias durante varios días, empiezan a aparecer conexiones.

Esta semana hubo muchas.

Y ninguna empezó realmente con una dieta.

 

1. EL CUERPO TAMBIÉN CUENTA LO QUE ESTÁS VIVIENDO

Una persona llegó con ardor estomacal.

No había una crisis intestinal importante. No había dolor, gases ni una modificación evidente que explicara por sí sola el síntoma.

Pero sí había algo más:

una situación laboral que llevaba días anticipando con preocupación.

En otra consulta, alguien contó que durante sus vacaciones había dormido entre ocho y nueve horas y su digestión había mejorado notablemente.

Regresó a su rutina, aumentó el estrés y reaparecieron las molestias intestinales.

Otra persona atravesaba un duelo. Después de semanas emocionalmente intensas aparecieron cambios en el sueño, gastritis y estreñimiento.

Y alguien más, después de meses de una carga laboral extraordinaria, había pasado de despertarse entre tres y cinco veces cada noche a finalmente conseguir varias horas continuas de sueño cuando su entorno comenzó a tranquilizarse.

Son personas diferentes.

Síntomas diferentes.

Momentos diferentes.

Pero todos recuerdan algo importante:

el sistema digestivo, el sueño, el apetito y el metabolismo no viven separados de nuestra experiencia emocional.

Esto tampoco significa que cada síntoma digestivo sea “estrés” ni que debamos dejar de investigarlo.

Significa que preguntar únicamente:

“¿Qué comiste?”

puede quedarse corto.

A veces también necesitamos preguntar:

“¿Qué estaba pasando en tu vida cuando esto comenzó?”

 

2. CUANDO EL PESO NO BAJA, COMER MENOS NO SIEMPRE ES LA RESPUESTA

Esta semana también apareció una de las situaciones más frustrantes para muchas personas:

hacer esfuerzos y ver prácticamente el mismo número en la báscula.

64, 65…

90, 91…

Y entonces aparece una conclusión casi automática:

“Necesito comer menos.”

Pero detrás de esos números había historias mucho más complejas.

En un caso existían fatiga intensa, ansiedad alimentaria poco habitual, pérdida de masa muscular y una prolactina elevada que requería atención médica.

En otro había un duelo reciente, alteraciones del sueño y estudios tiroideos pendientes.

Por eso un peso que no se mueve no necesariamente significa que una persona “no está haciendo suficiente”.

Y tampoco significa automáticamente que la solución sea quitar otra tortilla, reducir todavía más la cena o agregar más ejercicio.

El estancamiento es un dato. No es un diagnóstico.

Antes de modificar calorías necesitamos preguntarnos qué está sucediendo con el sueño, el músculo, las hormonas, el estrés, los medicamentos, el movimiento, la alimentación y el contexto de esa persona.

 

3. Y CUANDO EL PESO SÍ BAJA, TAMPOCO ES SUFICIENTE CON CELEBRAR LOS KILOS

En otra consulta ocurrió algo que parecería mucho más sencillo de celebrar:

aproximadamente cuatro kilos menos.

Pero lo verdaderamente interesante apareció al revisar la composición corporal:

la pérdida correspondía a tejido graso y la masa muscular se había conservado.

Eso cambia la conversación.

Porque perder cuatro kilos sacrificando músculo no representa el mismo resultado que perder tejido adiposo mientras protegemos masa muscular.

El músculo participa en nuestra fuerza, funcionalidad y salud metabólica.

Por eso la pregunta no debería quedarse únicamente en:

“¿Cuánto bajaste?”

También importa:

“¿Qué fue lo que bajaste?”

 

4. PUEDES SER DELGADO Y TENER UN PROBLEMA METABÓLICO

Otra historia de esta semana rompía con un prejuicio muy frecuente.

Una persona de complexión relativamente delgada presentaba acumulación de grasa central y alteraciones metabólicas que obligaban a investigar más allá de su apariencia corporal.

En otro caso, el motivo inicial de preocupación estaba relacionado con la función renal, pero al integrar glucosa, lípidos, ácido úrico, composición corporal y otros indicadores, el contexto metabólico adquirió mucho más protagonismo.

Esto importa porque durante años hemos asociado resistencia a la insulina, hígado graso, triglicéridos elevados o síndrome metabólico exclusivamente con determinados tamaños corporales.

Y no funciona así.

No podemos diagnosticar el metabolismo mirando un cuerpo.

Una persona puede vivir en un cuerpo grande y tener parámetros que han mejorado muchísimo.

Otra puede ser delgada y presentar alteraciones metabólicas que necesitan atención.

La báscula no sustituye un laboratorio.

Y la apariencia tampoco.

 

5. UN RESULTADO ALTERADO NO SIEMPRE JUSTIFICA UNA DIETA MÁS RESTRICTIVA

Una alteración en la función renal puede asustar.

Y es comprensible.

El problema aparece cuando ese miedo se transforma inmediatamente en listas interminables de alimentos prohibidos.

Esta semana fue necesario revisar función renal dentro de un contexto mucho más amplio: marcadores metabólicos, medicamentos, ausencia o presencia de proteína en orina y otros parámetros de laboratorio.

Porque no todas las alteraciones renales se encuentran en el mismo estadio ni tienen la misma causa.

Lo mismo ocurre con muchos diagnósticos.

Tener un marcador alterado no significa automáticamente eliminar diez grupos de alimentos.

Primero necesitamos comprender qué está alterado, por qué y en qué contexto.

La restricción no debería preceder al razonamiento clínico.

 

6. EL INTESTINO NO LEE  TU MENÚ

Esta quizá fue una de las conexiones que más se repitió durante la semana.

Hubo intestinos respondiendo al estrés.

Al ciclo menstrual.

A un duelo.

A un viaje.

A cambios en el sueño.

A una cirugía y la anestesia.

A la cantidad y horarios de las comidas.

Incluso hubo una observación preciosa:

durante un viaje, una persona toleró mejor los alimentos.

Comía menos veces al día, caminaba mucho más después de comer y se encontraba en un contexto completamente diferente.

No significa que viajar cure el intestino.

Significa que su experiencia nos dio información.

Nos permitió preguntar:

¿qué estaba haciendo diferente cuando se sentía mejor?

A veces estamos tan concentrados en descubrir qué alimento quitar que olvidamos investigar qué comportamiento podríamos recuperar.

 

7. LA MENSTRUACIÓN TAMBIÉN ES INFORMACIÓN CLÍNICA

En una consulta alguien reportó menos sangrado menstrual y la desaparición de los dolores de cabeza que aparecían antes de su periodo.

En otra historia había ocurrido exactamente lo contrario: el sangrado había aumentado y existía un problema endometrial que requería seguimiento ginecológico.

En otra, una alteración hormonal estaba comprometiendo la calidad de la ovulación aunque aparentemente existiera un ciclo regular.

Tres historias que recuerdan algo fundamental:

tener menstruaciones no significa necesariamente que todo esté funcionando igual por dentro.

La duración del ciclo, cantidad de sangrado, dolor, síntomas digestivos, cefalea, energía, apetito y cambios premenstruales pueden aportar información.

Por eso hablar del ciclo menstrual también forma parte de una consulta nutricional integral.

No para convertir cada síntoma en un problema hormonal.

Sino para dejar de ignorar una fuente valiosísima de información.

 

8. A VECES LA MEJOR PRESCRIPCIÓN ES NO AGREGAR NADA

También hubo una pregunta frecuente:

“¿Necesito tomar algo más?”

Y algunas respuestas fueron:

No.

Todavía no.

Primero veamos tus estudios.

Esto lo vamos a suspender.

Esto no parece necesario en este momento.

En una persona no había razones suficientes para agregar un probiótico.

En otra era importante disminuir la carga de suplementos mientras se estudiaban alteraciones hepáticas.

Y en alguien que buscaba aumentar músculo, ciertas señales —como fatiga importante, dolor articular y episodios recurrentes de alopecia areata— hicieron más sensato investigar primero que simplemente entregar una dieta hipercalórica y recomendar proteína.

Más intervención no siempre significa mejor atención.

A veces hacer buena nutrición también consiste en saber cuándo esperar, investigar, derivar o no agregar otra cosa al tratamiento.

 

9. HAY CAMBIOS QUE NECESITAN MESES O AÑOS PARA PODER CELEBRARSE

Una paciente llegó con un estudio que difícilmente se convertiría en una fotografía de “antes y después”.

Su densidad ósea en columna había mejorado.

Seguía existiendo un área que necesitaba atención, pero había progreso.

Y me hizo pensar en la cantidad de resultados nutricionales que permanecen invisibles.

Conservar músculo.

Mejorar densidad ósea.

Normalizar un marcador.

Dormir mejor.

Evacuar sin dolor.

Tener energía.

Recuperarse mejor del ejercicio.

Sentir saciedad.

Llegar a la vejez con más fuerza.

Son resultados que quizá nunca acumulen tantos “likes” como una transformación corporal.

Pero pueden cambiar profundamente los siguientes diez o veinte años de una persona.

 

10. Y A VECES EL MAYOR LOGRO ES QUE YA NO NECESITES SEGUIR.

Entre tantos estudios, síntomas, ajustes y diagnósticos, hubo una consulta especialmente sencilla.

Peso estable.

Sin rebote importante.

Mejor composición corporal.

Actividad física sostenida.

Sin síntomas relevantes.

Y, sobre todo, una persona diciendo que se siente ligera, tranquila y cómoda con su cuerpo.

La ropa le queda mejor.

No siente que necesite continuar bajando.

Solo faltan algunos estudios para valorar el cierre de su tratamiento.

Y creo que también necesitamos hablar más de esto.

El alta nutricional existe.

Un tratamiento no debería convertir a una persona en paciente permanente.

El objetivo también puede ser que algún día tenga suficientes herramientas para continuar sin nosotros.

 

LA BÁSCULA CUENTA UNA HISTORIA. PERO NO CUENTA TODA LA HISTORIA.

Esta semana hubo pérdida de grasa.

Pero también hubo alguien durmiendo mejor.

Alguien entendiendo por qué aparecía su ardor.

Alguien recuperando saciedad.

Alguien aprendiendo que su metabolismo no puede juzgarse por su talla.

Alguien descubriendo que su peso estancado necesitaba más investigación y no necesariamente más restricción.

Alguien mejorando su salud ósea.

Alguien atravesando un duelo mientras su cuerpo intentaba adaptarse.

Alguien para quien decidimos no agregar otro suplemento.

Y alguien preparándose para recibir el alta.

Quizá por eso me gusta tanto la consulta nutricional.

Porque después de escuchar suficientes historias resulta imposible seguir pensando que la nutrición consiste solamente en decidir qué debe comer una persona.

También consiste en entender qué está viviendo.

Qué está cambiando.

Qué está funcionando.

Qué necesita ser investigado.

Qué podemos dejar de hacer.

Y qué señales nos está dando su cuerpo.

Porque algunas semanas la báscula cambia muchísimo.

Otras, casi nada.

Pero la salud puede estar moviéndose todo el tiempo.

¡Manténgase atento a nuestros temas y publicaciones semanas en nuestro boletin gratuito!

Regístrate y sigue aprendiendo más de nutrición.

We hate SPAM. We will never sell your information, for any reason.