Nutrición y redes sociales: cuando informar no siempre es salud
Una confesión necesaria
Antes de avanzar, necesito hacer una confesión personal:
Tengo un conflicto interno con el uso de las redes sociales y la salud.
Por un lado, son una ventana enorme de oportunidades. Nos permiten expandir el mensaje de la nutrición, fortalecer al gremio y llegar a personas que no tienen la posibilidad de acceder a un acompañamiento nutricional uno a uno. Pero, por otro lado, la evidencia desde la neurociencia y la psicología sobre los riesgos del uso excesivo de las redes sociales es sólida, profunda y difícil de ignorar.
Tal vez la palabra clave sea excesiva , pero pensemos en estas escenas —y diez si te identificas:
Entras a Instagram para mandar un mensaje directo…
y de pronto te das cuenta de que pasaron más de 25 minutos scrolleando,
y ni siquiera ha enviado el mensaje.
O tomas tu celular y, casi en automático, entra a WhatsApp
y te preguntas: ¿por qué entra aquí?
La velocidad, la disponibilidad y la inmediatez de las redes sociales no son coincidencia. Son el resultado del uso deliberado del conocimiento neurocientífico sobre el comportamiento humano.
Y aquí entra una clave protagonista: la dopamina .
Dopamina, hábitos y la era de la gratificación instantánea
La dopamina es un neurotransmisor fundamental para la conducta humana. Está relacionado con el placer, la motivación, la ilusión y el sistema de recompensa. Nos ayuda a iniciar acciones, a perseguir metas ya formar hábitos.
La secretamos cuando hacemos ejercicio, cuando estamos frente a algo novedoso o cuando alcanzamos un objetivo. Esa sensación satisfactoria de tachar algo de una lista no es casualidad: es dopamina en acción.
Si la dopamina pudiera hablar, su mensaje sería algo así como:
“Atento, viene algo bueno”.
A diferencia de la serotonina —más asociada a la plenitud y la satisfacción—, la dopamina impulsa el deseo de repetir. Refuerza conexiones neuronales que hacen que queramos volver a experimentar esa conducta. Y ese circuito se retroalimenta: cuanto más se repite, más se desea.

¿Y qué tiene que ver esto con las redes sociales?
Hacer.
Vivimos en la era de la gratificación instantánea. Estímulos constantes, disponibles a cualquier hora. Ves un anuncio de comida y, minutos después, lo tienes en casa. Ves contenido... y quieres más contenido.
La pregunta importante es:
¿Qué tan consciente es esa decisión?
¿Y cómo impacta esto en nuestra salud nutricional, en nuestros hábitos y en nuestra relación con la comida?
No tengo una respuesta definitiva.
Por eso hablo de conflicto interno.
Las redes no son buenas ni malas: son herramientas
Lo que sí tengo claro es esto: las herramientas no son buenas ni malas; Depende de cómo se use .
Un martillo no sirve para perforar una pared. Un desarmador incorrecto puede lastimarte. Con las redes sociales pasa lo mismo. Si se usan como sustituto de una consulta profesional de salud, el riesgo es alto y los resultados probablemente no serán los esperados.
Como profesionales de la salud, nuestro papel en redes no es dar recomendaciones personalizadas, sino divulgar, contextualizar y promover el pensamiento crítico .
Aquí aparece otro gran reto: el intrusismo .
Personas sin formación en salud compartiendo consejos basados en experiencias personales y presentándolos como soluciones universales.
Lo que Victoria Lozada llama amifuncionismo .
A esto se suma el ruido constante de mensajes que apelan al miedo, la urgencia o la polarización.
Nuestro rol no es tener la razón ni entrar en batallas de ego.
Es promover evidencia .
Y algo profundamente valioso de la ciencia es que no necesita tener siempre la razón: se cuestiona, se corrige y evoluciona.
Informar, educar y entretener no son lo mismo
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Informar es compartir datos.
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Educar implica facilitar la comprensión y la aplicación del conocimiento.
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Entretener … bueno, eso ya lo conocemos.
En nutrición, compartir cifras o listas puede informar. Pero educar requiere explicar el por qué , el para quién y en qué contexto . Requiere empatía, claridad y una mirada centrada en quien recibe el mensaje.
Preguntas frecuentes:
Ver una receta y guardarla,
¿es informar, educar o entretener?
Leer un informe sin contexto ni herramientas prácticas,
¿realmente educa?
Una educación nutricional efectiva en entornos digitales necesita creatividad, síntesis y sensibilidad humana.
El valor del contexto (y lo poco que le gusta al algoritmo)
Vivimos en una era donde circula muchísima información sin considerar al receptor ni su contexto. Y no es fácil hacerlo bien: los mensajes largos no le gustan al algoritmo ni a una mente hiperestimulada por dopamina.
Aún así, el contexto es indispensable.
Así como en un artículo científico se especifican las condiciones del estudio, en la divulgación no basta con citar artículos sin explicar a quién aplica ya quién no.
Divulgar no es extrapolar.
Y divulgar no es lo mismo que recomendar.
Leer publicaciones, escuchar episodios o ver videos no sustituye una recomendación profesional basada en el conocimiento profundo del caso y el acompañamiento.
El riesgo del algoritmo y las burbujas de pensamiento.
Al cerebro le encanta que le confirmen lo que ya cree. El algoritmo lo sabe y lo explota bien. Esto puede ser útil para formar comunidades, pero en educación puede convertirse en una trampa.
Romper caminos viejos neuronales incomoda. Escuchar una perspectiva distinta puede generar resistencia, pero también amplía el horizonte.
La nutrición no está exenta de polarización: keto, paleo, gluten, peso, diversidad corporal, dietas sí o no… absolutos por todos lados.
Si solo consumimos contenido que reafirma nuestra postura, el conocimiento se vuelve sesgado y nuestra capacidad de divulgar se limita.
Congruencia: una segunda confesión
Entre más tiempo paso en redes —como consumidora o creadora— más aparece la sensación de que me falta algo. No solo en lo material, sino en la idea de no estar haciendo suficiente.
Y entonces regreso a la pregunta esencial:
¿Para qué hago esto?
No se trata de fama, me gusta o seguidores. Se trata de compartir desde la esencia, de ser una pausa en el ruido, una reflexión en medio del estímulo constante.
No podemos sanar una población cansada, sobreestimulada y ansiosa siendo parte del mismo sistema que la enferma.
Hacer de las redes un lugar más sano puede implicar usarlas mejor…
o usarlas menos.
La nutrición en la era digital no necesita más ruido.
Necesita criterio, contexto y humanidad .
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