Practicar el estrés.
Durante mucho tiempo la propuesta de salud pareciera consistir en encontrar la forma de sentir menos estrés.
Organizar mejor los horarios para tener menos estrés.
Meditar para tener menos estrés.
Aprender a decir que no para tener menos estrés.
Y no me malinterpretes, todas esas cosas siguen siendo importantes. Pero conforme profundizamos en la fisiología del estrés y del sistema nervioso, la propuesta es diferente...
Tal vez una parte de nuestra salud no depende de evitar el estrés, sino de aprender a atravesarlo.
Porque la vida, inevitablemente, nos va a pedir activarnos.
- Una conversación incómoda.
- Un proyecto nuevo.
- Una clase que nos intimida.
- Una presentación.
- Un viaje.
- Una pérdida.
- Una decisión importante.
Incluso algo tan emocionante como enamorarnos o convertirnos en padres puede ser profundamente estresante para nuestro sistema nervioso.
Y entonces la pregunta deja de ser cómo eliminar el estrés. La pregunta se convierte en:
¿Qué tan hábil es mi sistema nervioso para entrar y salir de él?
Cuando pensamos que la calma es el objetivo
Durante años escuchamos hablar del cortisol como si fuera un villano.
Nos enseñaron a pensar que la meta era mantenernos relajados, tranquilos y en paz la mayor parte del tiempo.
Pero la biología humana no funciona en un estado de calma permanente.
Nuestro organismo está continuamente respondiendo a lo que ocurre dentro y fuera de nosotros. A lo largo del día alternamos entre momentos de mayor activación y momentos de recuperación.
Tu corazón no late siempre al mismo ritmo.
Tus músculos alternan entre esfuerzo y descanso.
Tu cerebro también cambia constantemente de estado según las demandas del entorno.
La salud no parece consistir en permanecer siempre relajados.
La salud parece depender, en gran medida, de nuestra capacidad para adaptarnos.

El día que entendí que una montaña rusa podía enseñarnos algo sobre el estrés
Piensa por un momento en una montaña rusa.
Tu corazón se acelera.
Tus manos sudan.
Tus músculos se tensan.
Tu respiración cambia.
Tu cuerpo responde como si estuviera frente a una amenaza.
Y sin embargo, una parte de ti sabe que está segura.
Quizá por eso muchas personas bajan riendo.
Porque durante unos minutos experimentaron una intensa activación fisiológica y descubrieron que podían atravesarla.
El sistema nervioso recibió un mensaje poderoso:
“Puedo sentir todo esto y aun así estar bien.”
Y aunque una montaña rusa pueda parecer un ejemplo curioso, ilustra muy bien algo que hoy sabemos sobre el sistema nervioso.
Muchas veces no sufrimos únicamente por las situaciones difíciles.
También sufrimos porque comenzamos a temer las propias sensaciones que genera el estrés.
Las palpitaciones.
La tensión muscular.
La respiración acelerada.
La incertidumbre.
La incomodidad.
Y cuando empezamos a evitar cualquier situación que produzca esas sensaciones, nuestro mundo se vuelve cada vez más pequeño.
El cuerpo aprende por experiencia
Existe un principio en biología llamado hormesis.
Suena complejo, pero la idea es sencilla.
Pequeñas dosis de desafío pueden hacernos más fuertes.
Sucede con los músculos cuando entrenamos.
Sucede con los huesos cuando cargan peso.
Sucede con el sistema cardiovascular cuando hacemos ejercicio.
Y parece suceder también con nuestro sistema nervioso.
La investigación actual muestra que los desafíos moderados y controlados pueden ayudarnos a desarrollar resiliencia.
Porque el organismo aprende que puede enfrentar el estrés y recuperarse después.
Y esa recuperación es la parte más importante de la historia.
Porque el problema nunca fue activarnos
Cuando hablamos de estrés solemos imaginar algo negativo.
Pero la realidad es que necesitamos activación para vivir.
Necesitamos activación para perseguir metas.
Para aprender.
Para competir.
Para enamorarnos.
Para crear.
Para defender aquello que nos importa.
Cada vez que algo nos entusiasma profundamente, nuestro sistema nervioso se activa.
Y eso no es una falla.
Es una característica de estar vivos.
El problema aparece cuando esa activación nunca encuentra espacios para regresar a la calma.
Cuando vivimos semanas, meses o años sintiendo que el pedal del acelerador está presionado sin descanso.
Es ahí donde aparece la carga alostática: el desgaste acumulado de permanecer demasiado tiempo en modo supervivencia.
El ejercicio: una práctica de estrés y recuperación
Quizá por eso el ejercicio sigue siendo una de las herramientas más poderosas para la salud.
Porque representa un entrenamiento extraordinario para el sistema nervioso.
Cuando hacemos ejercicio, especialmente cuando nos reta un poco, ocurre algo fascinante.
El cuerpo entra temporalmente en un estado de estrés.
Y luego llega la recuperación.
Con el tiempo, el organismo aprende que puede transitar entre ambos estados de manera eficiente.
Tal vez por eso las personas físicamente activas suelen mostrar una mejor tolerancia al estrés cotidiano.
No porque tengan menos problemas.
Sino porque han entrenado la capacidad de recuperarse.
También entrenamos el estrés cuando jugamos
Lo hacemos cuando practicamos un deporte.
Cuando jugamos un juego de mesa competitivo.
Cuando nos subimos a una montaña rusa.
Cuando vemos una película de terror sabiendo que estamos seguros en nuestro sillón.
Incluso cuando decidimos aprender algo que nos hace sentir torpes al principio.
Todas esas experiencias tienen algo en común.
Nos permiten acercarnos a la incomodidad sin quedar atrapados en ella.
Nos enseñan que podemos sentir nervios, incertidumbre o tensión sin que eso signifique que estamos en peligro.
Y esa parece ser una experiencia valiosa para el cerebro: aprender que puede atravesar estados intensos de activación sin interpretarlos necesariamente como una amenaza.
La resiliencia no se construye en la calma
La resiliencia probablemente no surge cuando todo es fácil.
Se construye cuando atravesamos desafíos manejables y descubrimos que podemos regresar al equilibrio después.
Cuando terminamos una carrera que parecía imposible.
Cuando damos una conferencia que nos daba miedo.
Cuando tenemos una conversación pendiente.
Cuando sobrevivimos a una etapa difícil.
Cuando hacemos algo que nos reta y comprobamos que somos más capaces de lo que pensábamos.
Quizá por eso las experiencias que más nos transforman rara vez son las más cómodas.
Una invitación diferente
Vivimos en una época que constantemente nos promete eliminar el estrés.
Pero tal vez la meta sea construir un sistema nervioso que recuerde cómo regresar a casa después de activarse.
Que pueda emocionarse sin colapsar.
Que pueda enfrentar desafíos sin quedarse atrapado en ellos.
Que pueda sentir miedo sin perder la capacidad de avanzar.
Porque la vida incluye inevitablemente momentos de calma y momentos de desafío.
Pero sí podemos desarrollar la capacidad de movernos con mayor soltura entre la intensidad y el descanso, entre el esfuerzo y la recuperación, entre la activación y la calma.
Y quizá ahí, en ese ir y venir, se encuentre una de las expresiones más poderosas para nuestra salud fisica y mental, la resiliencia.
¡Manténgase atento a nuestros temas y publicaciones semanas en nuestro boletin gratuito!
Regístrate y sigue aprendiendo más de nutrición.
We hate SPAM. We will never sell your information, for any reason.
