Quiero ser tu última nutrióloga

Hoy, durante el alta de una paciente, pasó algo que me llevó de regreso casi 16 años.

Ella ha sido mi paciente en distintos momentos desde 2014. Nos hemos encontrado varias veces a lo largo de estos años, en diferentes etapas, circunstancias y necesidades de su vida. En esta última ocasión, después de aproximadamente un año y medio de acompañamiento, llegó el momento de darle el alta.

Mientras cerrábamos esta etapa me dijo:

“Tal vez no te acuerdes, pero cuando nos conocimos me dijiste algo que nunca se me olvidó: yo quiero ser tu última nutrióloga.”

Y tenía razón.

No me acordaba de habérselo dicho a ella.

Pero sí me acordé inmediatamente de la Griselda que decía esa frase.

La nutrióloga que comenzó a construir su práctica hace casi 16 años y que, aun sin tener las palabras que tengo hoy, tenía muy clara una intención:

Quería que la nutrición pudiera dejar algo más profundo que una dieta.

“Quiero ser tu última nutrióloga” podría sonar como si mi intención fuera de que una persona se quedará conmigo para siempre.

Pero significa prácticamente lo contrario.

No quiero que me necesites para siempre.

Quiero que nuestro tiempo juntos te deje algo que puedas llevar contigo cuando la consulta termine.

Porque los aviones terminan.

Los objetivos cambian.

Nuestro cuerpo cambia.

Llegan diagnósticos, viajes, embarazos, menopausia, nuevos trabajos, enfermedades, temporadas difíciles, etapas de mucho movimiento y otras en las que nuestras prioridades simplemente son diferentes.

La vida cambia.

Por eso nunca podría prometerte que lo que trabajamos hoy resolverá todas las necesidades nutricionales que tendrás durante el resto de tu vida.

Lo que sí quiero es que cada proceso te encuentre con más herramientas que el anterior.

Que no tengas que empezar desde cero cada vez que algo cambie.

Tal vez de eso se trata realmente de acompañar

Esta paciente regresó conmigo varias veces desde 2014.

Y hoy entiendo que eso no contradice aquella frase.

La completa.

Porque ser la última nutrióloga de alguien no significa conseguir que nunca vuelva a necesitar acompañamiento. Significa procurar que, cuando vuelva, no vuelva al mismo lugar.

Que cada proceso deje algo.

Más conocimiento sobre su cuerpo.

Más capacidad para reconocer sus necesidades.

Más criterios para tomar decisiones.

Más recursos para relacionarse con la comida.

Más confianza para atravesar los cambios.

Y menos necesidad de buscar una nueva solución, una nueva dieta o una nueva regla cada vez que la vida se mueve.

Para mí, una consulta de nutrición nunca debería ser solamente un lugar donde alguien te diga qué comer.

Debería ser también un lugar donde aprendas a comprender por qué tomamos determinadas decisiones, qué estamos observando, qué señales nos da tu cuerpo y cómo puedes utilizar todo eso fuera del consultorio.

Porque hay algo que me importa profundamente:

que cada consulta aumenta tu autonomía, no tu dependencia.

Quizás por eso disfruto tanto los procesos que llegan al alta.

Dar de alta a alguien no significa que su nutrición quedó “resuelta para siempre”.

Tampoco significa que nunca volveremos a encontrarnos.

Significa que, para este momento de su vida, ya tiene suficientes herramientas para continuar sin acompañamiento constante.

Y eso también es éxito.

En una profesión en la que muchas veces medimos resultados en kilos, centímetros, porcentajes, glucosa, colesterol o síntomas, existen otros resultados mucho más difíciles de poner en una gráfica.

Que alguien entienda mejor su cuerpo.

Que pueda comer sin necesitar instrucciones para cada decisión.

Que identifique lo que le hace bien.

Que pueda adaptarse cuando las circunstancias cambien.

Que distinga entre información y ruido.

Que tenga criterio.

Que confie más en lo que ha aprendido.

Que sepa cuándo puede continuar sola y también cuándo necesita volver a pedir ayuda.

Esos resultados también forman parte de la salud.

 

Hay algo más que estos años me han enseñado.

La autonomía no significa hacerlo todo solo.

Podemos aprender muchísimo sobre nosotros mismos y aún así necesitar acompañamiento en una nueva etapa.

Por eso me gusta pensar Body Santé no como un lugar al que tienes que pertenecer permanentemente, sino como un lugar seguro al que puedes volver cuando lo necesites.

Sin culpa porque “dejaste el plan”.

Sin sentir que fracasaste porque tu cuerpo cambió.

Sin tener que demostrar que hiciste todo perfecto mientras no estuviste.

Simplemente volver.

Revisar dónde estás ahora.

Reconocer qué herramientas siguen funcionando.

Modificar las que ya no corresponden.

Aprender algo nuevo.

Y continuar.

Quizás por eso algunas personas han estado cerca de Body Santé durante tantos años: no porque hayan pasado todos esos años “a dieta”, sino porque hemos podido acompañarnos desde la nutrición en distintos momentos de sus vidas.

Y para mí existe una diferencia enorme entre esas dos cosas.

 

Hoy aquel paciente no solamente cerró un proceso.

Sin saberlo, me devolvió una parte de mi propio propósito.

Me recordé a la Griselda que comenzaba y que decía con muchísima seguridad:

“Quiero ser tu última nutrióloga”.

Durante años dejé de decirlo.

Pero nunca dejé de intentarlo.

Hoy probablemente lo diría de otra manera:

Quiero que este sea el último lugar en el que sientas que tienes que empezar de cero con tu nutrición.

Quiero que encuentres un espacio seguro para aprender.

Que comprendes cada vez mejor tu cuerpo.

Que construyas criterio.

Que te lleves herramientas.

Que puedas usarlas en la vida real.

Y que poco a poco necesitas menos respuestas externas para tomar decisiones sobre tu alimentación.

Hasta que quizás llegue un día en el que podamos cerrar la consulta y decir:

“Por ahora, ya no me necesitas”.

Y que eso sea una buena noticia.

Porque si alguna vez vuelves, no estaremos empezando otra vez.

Estaremos continuando desde todo lo que ya aprendiste.

Después de casi 16 años ejerciendo nutrición, creo que aquella Griselda tenía razón en algo que todavía no sabía explicar:

No quiero que me necesites siempre. Quiero que lo aprendido aquí pueda acompañarte siempre. 

Y eso es, finalmente, lo que quizás significa para mí querer ser tu última nutrióloga.

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