¿Siempre debes tomar vitamina D con K2? Lo que realmente dice la evidencia
“Nunca tomes vitamina D sin K2.”
“La vitamina D sin vitamina K hace que el calcio se vaya a las arterias.”
Son dos frases que se repiten con mucha seguridad en redes sociales y contenido sobre suplementación. Y tienen algo en común: parten de un mecanismo fisiológico real, pero lo convierten en una regla que la evidencia científica todavía no permite establecer.

La respuesta corta es esta:
No, no todas las personas que toman vitamina D necesitan suplementar también vitamina K2. Y no, tomar vitamina D sin K2 no significa automáticamente que el calcio vaya a depositarse en las arterias.
La relación entre ambas vitaminas existe. Es interesante. Y merece entenderse.
Pero entenderla bien implica ir un poco más allá del mensaje de “una lleva el calcio y la otra lo acomoda”.
Vitamina D y vitamina K sí trabajan en rutas relacionadas
La vitamina D tiene múltiples funciones en el organismo, pero una de las más conocidas es su participación en el metabolismo del calcio.
Entre otras cosas, favorece la absorción intestinal de calcio y participa en la regulación del tejido óseo.
También estimula la producción de ciertas proteínas que intervienen en el manejo del calcio, como la osteocalcina.
Y aquí entra la vitamina K.
La vitamina K funciona como cofactor en un proceso llamado carboxilación, necesario para activar distintas proteínas del organismo. Dos de ellas son especialmente relevantes en esta conversación:
Osteocalcina, relacionada con el metabolismo del hueso.
Matrix Gla Protein o MGP, una proteína que participa en la regulación de la calcificación de los tejidos.
Por eso existe una interacción fisiológica real entre vitamina D y vitamina K.
La vitamina D puede aumentar la producción de algunas de estas proteínas y la vitamina K participa en su activación.
Hasta aquí, el mecanismo tiene sentido.
El problema aparece cuando pasamos de:
“estas vitaminas interactúan”
a:
“por lo tanto, nunca debes tomar una sin la otra”.
Son afirmaciones diferentes.

Un mecanismo biológico no siempre equivale a una recomendación clínica
Este es probablemente el punto más importante de toda la conversación.
En nutrición y medicina podemos conocer con bastante detalle cómo funciona una vía metabólica y, aun así, no saber todavía si intervenir sobre ella con un suplemento produce un beneficio clínico relevante.
Podemos observar cambios en osteocalcina.
Podemos medir proteínas relacionadas con la calcificación.
Podemos estudiar diferentes formas de vitamina K.
Pero la pregunta clínica final es otra:
¿Agregar K2 a la vitamina D disminuye fracturas, previene enfermedad cardiovascular o mejora resultados de salud en todas las personas?
Hasta ahora, la evidencia no permite responder que sí.
Y por eso la recomendación de tomar vitamina K2 de manera automática cada vez que se utiliza vitamina D va más allá de lo que sabemos.

¿De dónde viene entonces la idea de que la vitamina D puede “calcificar las arterias”?
La explicación suele presentarse así:
“La vitamina D aumenta el calcio. Si no hay suficiente K2, ese calcio no entra al hueso y termina depositándose en las arterias.”
Suena lógico.
Pero es una simplificación excesiva.
La calcificación vascular es un proceso complejo en el que participan inflamación, función renal, edad, metabolismo mineral, enfermedades cardiovasculares, regulación hormonal y múltiples proteínas.
No depende únicamente de haber tomado vitamina D sin K2.
Entonces, ¿cuándo puede tener sentido combinar vitamina D y vitamina K?
Que K2 no sea obligatoria para todas las personas no significa que nunca tenga utilidad.
Hay contextos en los que evaluar ambas vitaminas puede ser razonable.
En salud ósea
La mayor parte de la investigación sobre vitamina K2 se ha centrado en el hueso.
Algunos estudios han encontrado cambios favorables en marcadores de metabolismo óseo, especialmente en mujeres posmenopáusicas y personas con osteoporosis.
También existen datos que sugieren posibles beneficios sobre la osteocalcina y otros marcadores relacionados con remodelación ósea.
Sin embargo, mejorar un marcador no es exactamente lo mismo que demostrar una disminución de fracturas.
Por eso, en personas con osteoporosis, osteopenia o riesgo elevado de fractura, vitamina K2 puede formar parte de una conversación clínica más amplia.
Pero no debería presentarse como sustituto de la evaluación nutricional, del ejercicio de fuerza, de una ingesta adecuada de proteína y calcio, ni de los tratamientos farmacológicos cuando están indicados.
Cuando existe baja ingesta de vitamina K
La vitamina K también se obtiene a través de los alimentos.
La vitamina K1 se encuentra particularmente en vegetales de hoja verde.
Las distintas formas de vitamina K2 aparecen en algunos alimentos fermentados y productos de origen animal.
En una persona con una alimentación variada, la presencia de vitamina K en la dieta puede ser suficiente.
Por eso, tomar vitamina D no significa necesariamente que también exista una deficiencia de vitamina K.
Son dos preguntas diferentes.
En algunos problemas de absorción
Vitamina D y vitamina K son vitaminas liposolubles.
Determinadas enfermedades gastrointestinales, alteraciones en la absorción de grasa o condiciones clínicas específicas pueden aumentar el riesgo de deficiencias de vitaminas liposolubles.
En estos casos, puede tener sentido evaluar ambas.
Pero nuevamente: el objetivo no es añadir suplementos de manera automática.
Es entender qué está ocurriendo en ese cuerpo particular.

Hay una situación en la que sí debemos hablar de vitamina K con mucha más cautela
Y es importante mencionarla porque aquí sí existe una interacción clínica relevante.
Las personas que utilizan antagonistas de la vitamina K, como warfarina o acenocumarol, no deberían añadir suplementos de vitamina K2 por cuenta propia.
Estos medicamentos funcionan precisamente interfiriendo con la acción de la vitamina K.
Cambiar de forma importante la cantidad de vitamina K que entra al organismo puede modificar su efecto anticoagulante.
Esto tampoco significa que una persona tratada con estos medicamentos deba eliminar todos los alimentos que contienen vitamina K.
Frecuentemente, lo importante es mantener una ingesta estable y trabajar de manera coordinada con el equipo de salud.

¿Y K1 o K2? No son exactamente lo mismo
Cuando hablamos de vitamina K, en realidad estamos hablando de una familia de compuestos.
La vitamina K1, o filoquinona, está presente principalmente en vegetales verdes.
La vitamina K2 incluye diferentes menaquinonas, como MK-4 y MK-7.
MK-7 es probablemente la forma que más vemos actualmente en suplementos combinados con vitamina D.
Tiene características farmacocinéticas interesantes y una vida media relativamente prolongada.
Pero nuevamente aparece la misma idea:
que una forma de vitamina tenga propiedades interesantes no significa que todas las personas necesiten suplementarla.
Entonces, ¿cuál es la mejor manera de tomar vitamina D?
Si existe una indicación para suplementarla, hay un detalle práctico que sí puede ser útil.
La vitamina D es liposoluble.
Por eso, tomarla junto con una comida que contenga algo de grasa puede favorecer su absorción.
No tiene que ser una comida especialmente grasa.
Puede ser una comida con aceite de oliva, aguacate, semillas, nueces, huevo, pescado o cualquier otra fuente habitual de lípidos.
Lo más importante suele ser la constancia y utilizar una dosis adecuada para el contexto clínico.
Y aquí también vale recordar algo importante:
más vitamina D no necesariamente significa más beneficio.
Las dosis deben responder a una necesidad, no a una tendencia.
Tal vez la enseñanza más interesante de este tema no tenga que ver únicamente con vitamina D o vitamina K.
Tiene que ver con cómo interpretamos la ciencia de la nutrición.
Dos nutrientes pueden trabajar juntos.
Uno puede participar en la activación de proteínas estimuladas por el otro.
Puede existir una explicación bioquímica perfectamente coherente.
Y aun así, eso no significa que debamos convertir esa relación en una regla universal de suplementación.
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